Son las 10:00 de la mañana y la casa de Doña Aurelia ya expide un aroma de leña y maíz tostado que va opacando el perfume de las guayabas y de las flores del jardín.

Aurelia Cahum tuvo 9 hijos, pero ya todos están “crecidos” y sólo Víctor, el menor, se queda a hacerle compañía cuando no está en la secundaria.La cocina es una palapa oscurecida por el humo del fogón maya, que no es otra cosa si no piedras calizas separadas entre sí, sobre las que se asientan las ollas o el comal mientras la leña arde en la parte inferior. La señora de la casa terminaba de preparar su masa de lo que sería el alimento indispensable a la hora de la comida, las tortillas.

Previamente ya había molido los granos del maíz en su artefacto, y aunque no quedan tan finamente molidos prefiere hacerlo en casa por no recorrer los 4 kilómetros que separan su vivienda del poblado donde hay un molino industrial.

Maloo´b kin” nos dice una voz cálida apenas entramos a la palapa, a lo que respondemos “buenos días Doña Aurelia”. Sentada sobre su taburete, frente a una mesita baja de madera, apacible como siempre, la mujer tortea y coloca los discos blandos sobre el comal.

A diferencia del resto de México, donde las tortillas son palmeadas de una mano a la otra, en la cultura maya la bolita de masa se prensa contra la mesa con los dedos de una mano, mientras la otra mano le da vuelta para lograr el efecto redondo. Conforme pasan los minutos el aroma va atizando el apetito que es detectado por Aurelia y extiende su mano con una jícara mientras pronuncia “choko w’a”. El pequeño Víctor nos traduce amablemente “tortilla caliente, para que la prueben”. Doblo la tortilla suave y soplo un poco antes de llevarla a la boca. Inevitablemente y con los ojos desorbitados se me escapa “mmm qué rico, ¡esto está exquisito!”. Madre e hijo se sonríen.

Las tortillas de Doña Aurelia son rústicas, tienen un sabor intenso a maíz, su tostado emana un dejo a madera y son más granulosas y gruesas que cualquier otra tortilla hecha a mano. Con este delicioso bocado entiendo por qué los mayas consumen hasta 15 tortillas en cada comida.

Apenas son las 10:15, como si el tiempo se detuviera, nos encontramos hipnotizados por el brillo de las flamas, el aroma de la leña y el encanto de la tortilla.

Tan sólo el sonido de las aves nos recuerda que hay un mundo allá afuera y que aún falta por explorar los alrededores de Laguna Chabela.


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